diumenge, 20 de maig de 2012

“No te preocupes por no poder dar a tus hijos lo mejor de todo... Dales lo mejor de ti.”




Cierto día, una Ana fue a renovar su permiso de conducir.

Cuando le preguntaron cuál era su profesión, ella dudó. No sabía muy bien como clasificarse.

El funcionario insistió: “Lo que le pregunto es si tiene un trabajo”. "Claro que tengo un trabajo", exclamó. "Soy madre."

"Nosotros no consideramos eso un trabajo. Voy a anotar ama de casa", dijo el funcionario fríamente.

Una amiga suya, Marta, supo lo ocurrido y estuvo recapacitando sobre esa anécdota...

Un día, se encontró en una situación similar. La persona que la atendió era una funcionaria de carrera, segura, eficiente.

El formulario parecía enorme, interminable.

La primera pregunta fue: “¿Cuál es su trabajo?"

Pensó un poco y sin saber bien cómo, respondió:

"Soy doctora de desarrollo infantil y relaciones humanas."

La funcionaria hizo una pausa y Marta tuvo que repetir pausadamente, enfatizando las palabras más
significativas.

Después de tener todo anotado, la joven quiso indagar.

"Puedo preguntar, ¿Qué es lo que usted hace exactamente?”

Con mucha calma, Marta explicó: "Desarrollo un programa a largo plazo, dentro y fuera de casa."

Pensando en su familia, continuó: "soy responsable de un equipo con el que tengo cuatro proyectos en marcha. Trabajo en régimen de dedicación exclusiva. Paso 14 horas al día en ello, y a veces llego a las 24 horas.”

A medida que ella iba describiendo sus responsabilidades, Marta notó el creciente tono de respeto en la voz de la funcionaria.

Cuando regresó a su casa, Marta fue recibida por su equipo: una niña de 13 años, otra de 7 y otra de 3.

Subiendo a las habitaciones de arriba de la casa, pudo oír a su proyecto más nuevo: un bebé de seis meses, probando una nueva tonalidad de voz.

Feliz, Marta tomó al bebé en sus brazos y pensó en la gloria de la maternidad, con sus múltiples responsabilidades y horas interminables de dedicación.

"Mamá ¿donde está mi zapato? Mamá, ¿me ayudas a hacer un lazo? Mamá, el bebé no para de llorar. Mamá, ¿me vendrás a buscar al colegio? Mamá, ¿vendrás mañana a mi función? Mamá, ¿vamos de compras? Mamá...”

Sentada en la cama, Marta pensó: “Si yo soy doctora de desarrollo infantil y relaciones humanas, ¿Qué serán las abuelas?

Y descubrió un título para ellas: Doctoras en grado superior de desarrollo infantil y relaciones humanas.

A las bisabuelas, doctoras ejecutivas en grado superior.

A las tías, doctoras-ayudantes.

Y a todas las mujeres, madres, esposas, amigas y compañeras: doctoras del arte de hacer la vida mejor.

En un mundo donde se le da tanta importancia a los títulos, en que se exige siempre mayor especialización en el área profesional, vuélvete especialista en el arte de amar.

Haz llegar este mensaje a todas las mujeres y también a los hombres, para que puedan agradecer y retribuir toda la dedicación que reciben diariamente de sus abuelas, madres, tías, hermanas, amigas o esposas.

Muéstrales que siempre existe “un momentito” en el cual estás pensando en ellos...

Haz a una mujer feliz... Hoy ¡¡¡Y siempre!!!

Y principalmente... ¡¡¡SE FELIZ TU TAMBIEN!!!



(Recibido por e-mail en un pps.)

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